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1. LA VIGILANCIA DE LA COSTA



LA COSTA CATALANA DURANTE LA GUERRA CIVIL (1936-1939)


ADRIÁN CABEZAS SÁNCHEZ











1. La Vigilancia de la Costa

La costa catalana en la Guerra Civil (1936-1939)

Published by Adrián Cabezas Sánchez at Smashwords

Copyright 2018 Adrián Cabezas Sánchez



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Índice

Prólogo

Introducción

1. La defensa de la costa desde tierra

2. Las operaciones sobre las Islas Baleares

3. El sistema republicano de defensa de costas

3.1. La organización de la defensa de la costa

3.2. La vigilancia del mar

3.2.1. Los Observatorios de la Artillería de Costa y de la D.E.C.A.

3.2.2. Los Faros y los sitios semafóricos de Marina 

3.2.3. El Servicio de Iluminación 

Epílogo

Notas

Bibliografía

Sobre el Autor

Otros títulos de la colección



Prólogo

El presente libro titulado La vigilancia de la costa es el primero de una quincena de libros comprendidos en la colección La Costa Catalana durante la Guerra Civil (1936-1939), donde se intenta abordar y dar a conocer toda una serie de hechos, elementos y situaciones que se vivió en la costa catalana durante el conflicto a través de todos los diferentes aspectos que se llevaron a cabo, como fueron: la vigilancia del litoral; las fortificaciones y el artillado de la costa; el servicio de espionaje franquista; la actuación de las dos Flotas en la guerra; la campaña submarina; los proyectos de desembarco; los bombardeos marítimos; la guerra al tráfico marítimo; el papel de la Flotilla de Vigilancia y Defensa Antisubmarina de Cataluña; los bombardeos a los puertos catalanes y las vías de comunicación o núcleos industriales situados en el litoral; así como la actuación de la aviación republicana y elementos antiaéreos en la defensa de la costa catalana. 

Toda esta colección de libros tiene su orígen en el 29 de noviembre de 2013 cuando defendí con éxito en la Universidad de Barcelona mi tesis doctoral La defensa de la costa en Cataluña durante la Guerra Civil (1936-1939), obteniendo la máxima calificación académica. La verdad es que había dedicado bastantes años a investigar este asunto, que, a pesar de todos los años transcurridos desde la finalización del conflicto y después de las numerosas obras que sobre la guerra se han escrito y publicado, nadie había llegado a investigar y analizar exhaustivamente o de manera tan profunda el tema en cuestión.

Mi primera idea original sobre como debía afrontar la tesis no podía ser más erróneo, ya que consideraba que solamente con investigar las fortificaciones que se llegaron a construir durante la guerra en todo el litoral catalán ya tenía el problema resuelto. Que equivocado estaba! A raíz de ir investigando el asunto de la defensa de la costa me fueron apareciendo cada vez informaciones más relevantes e interesantísimas sobre el tema y que se iban desviando de mi idea original. Así pues, empecé averiguando la red de vigilancia que se destinó a la costa catalana para precisamente vigilar el litoral, estableciendo toda una serie de observatorios con el objetivo de detectar cualquier presencia tanto de barcos como de aviones que se acercaran por la costa catalana, indistintamente del bando que fueran. Relacionado con la red de vigilancia y organización de la defensa de costas, diversas unidades fueron las destinadas a la defensa del litoral. En un primer lugar fueron destinados milicianos, aunque estos serían sustituidos posteriormente por unidades del Ejército Popular de la República, que acompañaron a las unidades de carabineros, establecidos ya antes de la guerra en la protección y vigilancia del litoral.

Entre las informaciones principales que encontré para la realización de la tesis estaba el tema del artillado de la costa, un tema muy interesante y poco estudiado de como se llegó artillar toda la costa catalana con diferentes piezas de artillería, muchas de ellas obsoletas años antes de empezar la guerra; así como su uso y la construcción de sus emplazamientos. Como no, también encontré lo que venía siendo mi idea original, la fortificación de la costa catalana a través de nidos de ametralladoras y trincheras, consiguiendo por ejemplo los croquis de buena parte de estas fortificaciones. 

Cabe decir que la información conseguida no resultó nada fácil encontrarla y muchas veces conseguía más información sobre algún emplazamiento concreto, una fortificación o cualquier otra información relevante a través del servicio de espionaje franquista, muy activo en la costa catalana. De hecho incluso se redactó a principios de enero de 1939 un dossier con todas las informaciones obtenidas de la costa mediterránea que conservaba el gobierno republicano, teniendo un peso relevante en este dossier toda la información destinada a la costa catalana.

Llegados a este punto cambió mi percepción de encarar la tesis y me di cuenta que para hacer un estudio completo del tema no solamente debía conformarme con realizar el estudio de la defensa de la costa simplemente con lo investigado hasta entonces, aunque éste no era precisamente poco. Así pues, entendí que debía de centrarme en otros aspectos también muy importantes para el desarrollo de la defensa de la costa como eran las agresiones recibidas a lo largo de todo el conflicto y la defensa desde otro punto de vista. Con esto se me ampliaba enormemente la tesis al tener que investigar tanto las agresiones marítimas y aéreas así como su defensa. Encontré aquí también un tema apasionante y poco trabajado hasta entonces como era el aspecto naval, haciendo hincapié en los bombardeos marítimos a la costa, la importante campaña submarina llevada en gran parte por submarinos italianos, o los proyectos de minado y de desembarco en la costa catalana, sin olvidar la guerra al tráfico marítimo. Igualmente y para su defensa marítima, también me resultó muy interesante investigar el papel que tuvo la Flota republicana y en especial el papel que jugó la Flotilla de Vigilancia y Defensa Antisubmarina de Cataluña en la protección y vigilancia del litoral. Asimismo, también encontré muy interesante documentar los bombardeos que sufrieron los puertos catalanes durante el conflicto, así como las vías de comunicación e industrias ubicadas en las poblaciones litorales. En contrapartida, pude hacerme igualmente con la actuación una vez creada de la Escuadrilla de Defensa de Costas así como la ubicación y utilización de las armas antiaéreas que defendieron el litoral catalán.

Toda estos aspectos tratados en la tesis, muchos de ellos inéditos y basados en las investigaciones realizadas durante bastante tiempo en diferentes archivos y ampliada posteriormente con nuevas informaciones, son la base de la serie o colección de libros sobre la costa catalana durante la Guerra Civil. Dicha colección se ha dividido en una quincena de libros para tratar a fondo cada tema, en la que junto al relato y la información inédita, se acompañan documentos procedentes de diversos archivos para hacer más amena su comprensión. Los libros que integran la colección vienen a ser los siguientes:

Libro 1. La vigilancia de la costa. Primer libro de la colección, se aborda el tema de la creación y organización de la defensa de la costa en Cataluña, desde sus precedentes más immediatos hasta la propia organización y evolución que provoca la guerra, haciendo hincapié en la operación sobre las Baleares llevada a cabo por los republicanos. La red de observatorios y su funcionalidad es el principal punto a tratar en esta obra.

Libro 2. Las fuerzas de defensa de la costa. El principal objetivo de este libro es describir todas las fuerzas que llegaron a establecerse como fuerzas de defensa en el litoral, desde los primeros milicianos y carabineros, hasta los destacamentos de costa y Brigadas Mixtas, así como unidades más pequeñas como la Brigada de Costas. 

Libro 3. El servicio de espionaje nacional. Este es un libro referente al sistema de espionaje que diseñaron los sublevados para así tener información más precisa sobre las defensas que estaban establecidas en el litoral catalán, desde unidades hasta fortificaciones y posiciones artilleras. Un libro que descubre la magnífica información con que contaban los rebeldes sobre la costa catalana.

Libro 4. La Artillería de Costa I. En realidad son dos libros los destinados a la artillería de costa en Cataluña durante el conflicto en los que en el primero se describen las piezas utilizadas en el el artillado de la costa catalana, su organización y evolución en el conflicto así como su empleo durante la guerra.

Libro 5. La Artillería de Costa II. Segundo libro referente a la artillería de costa, dedicado éste a los diferentes emplazamientos artilleros que se llegaron a construir en la costa catalana, acompañado de mapas sobre muchas de estas posiciones.

Libro 6. Las fortificaciones de la província de Barcelona. Primero de un total de tres libros dedicados a las fortificaciones que se construyeron en todo el litoral catalán, siguiendo el modelo en cada uno de ellos de describir las fortificaciones que se llegaron a construir en cada municipio y acompañado con croquis y planos. Este primer libro además de tratar de las fortificaciones construidas en el litoral de la província de Barcelona, hace un repaso de la evolución del proceso de fortificación que llevó a cabo toda la costa catalana.

Libro 7. Las fortificaciones de la província de Girona. Segundo de los tres libros dedicados a la fortificación de la costa catalana, centrado éste en las fortificaciones realizadas en la província de Girona que llegó a convertirse en la más fortificada de las tres províncias marítimas catalanas. 

Libro 8. Las fortificaciones de la província de Tarragona. Tercer y último libro dedicado a la fortificación del litoral, centrado en este caso sobre las construcciones defensivas que se llegaron a realizar en la província de Tarragona, acompañado con multitud de croquis de las diferentes posiciones defensivas. 

Libro 9. La Marina Republicana en la defensa de la costa. Libro dedicado exclusivamente al papel que ejerció la Flota republicana en la defensa de la costa catalana, tanto la actuación de las unidades de superfície como también los submarinos y las lanchas rusas por aguas catalanas a lo largo de todo el conflicto.

Libro 10. La Flotilla de Vigilancia y Defensa Antisubmarina de Cataluña. Un tema interesante y poco conocido es el argumento de este libro, basado en la creación y evolución de la Flotilla de Vigilancia y Defensa Antisubmarina de Cataluña, donde se describen las actuaciones de los guardacostas, lanchas y embarcaciones de rastreo de minas que formaron parte de esta Flotilla.

Libro 11. El tráfico marítimo en los puertos catalanes. Un tema también poco tratado en la historiografía de la Guerra Civil y difícil por la poca documentación existente es el del tráfico marítimo que tuvieron los puertos republicanos durante el conflicto, y en este caso concreto los puertos catalanes. Utilizando mucha documentación de archivo procedente sobre todo del espionaje rebelde, se hace un seguimiento al tráfico marítimo que tuvieron ls puertos catalanes, así como los ataques tanto navales como aéreos que este tráfico tuvo que padecer. 

Libro 12. La Marina nacional en la costa catalana. Este libro trata de manera exhaustiva todas las agresiones marítimas que padeció el litoral catalán, desde los bombardeos navales protagonizados por unidades de superfície, hasta las operaciones de minado o los proyectos de desembarco ideados para la costa catalana.

Libro 13. La campaña submarina. Información inédita recoge este libro sobre la actuación de los submarinos en la costa catalana, haciendo hincapié especial en las misiones realizadas que llevaron a cabo los submarinos italianos en las diversas fases de la guerra.

Libro 14. Los bombardeos aéreos al litoral catalán. El libro se centra en los bombardeos aéreos que padeció el litoral catalán, especialmente los puertos catalanes y sus consecuencias, así como las vías de comunicación como la infraestructura ferroviaria más cercana a la costa, así como las fábricas y dependencias militares situadas en las poblaciones costeras a través de un exhaustivo trabajo realizado en base a una gran recopilación de datos de diferentes archivos.

Libro 15. La aviación republicana y las defensas antiaéreas. El último de los libros de la colección se centra en dos aspectos claves para la defensa del litoral, la actuación de la Escuadrilla de defensa de costas, destinada a defender el litoral y el tráfico marítimo; y la organización, situación y evolución de las defensas antiaéreas instaladas en el litoral catalán. 

Como puede verse, la colección es ambiciosa tanto por el gran número de libros que la forman así como por tratar abundantes temas sobre la costa catalana, relacionados todos ellos entre sí, basados en una información en la mayoría de los casos inédita procedente de archivo o muy poco conocida y que viene a llenar el vacío existente actual en la historiografía de la Guerra Civil sobre la defensa de la costa catalana.  



Introducción

Orígenes y antecedentes de la defensa de la costa

A lo largo de la historia la costa catalana con sus 700 km siempre ha tenido una especial importancia. En la Antigüedad muchos asentamientos de población se crearon en la misma costa o muy cercana a ella. De esta manera por ejemplo, pueblos íberos como los layetanos, cosetanos o ilercavones entre otros, fundaron diferentes núcleos de población en la misma costa, teniendo contacto posteriormente a través del Mediterráneo por vía marítima con las principales civilizaciones. Éste sería el caso de fenicios y griegos que fundaron ciudades en la Península y en su defecto en la costa catalana como fue el caso de la fundación de la colonia de Emporion (Empúries) por colonos griegos de Focea en el 575 a.C. Poco a poco, la costa fue adquiriendo más protagonismo, sobre todo por su facilidad para intercambios comerciales, llevando a prosperar a ciudades como la Tarraco (Tarragona) romana, que llegó a ser capital de la província romana Hispania Citerior y una de las principales ciudades de Hispania. Después del período visigodo (507-711) y de la invasión árabe de la Península Ibérica (711), buena parte de la actual costa catalana quedó dividida entre la perteneciente a Al-Andalus y los llamados condados catalanes, que acabaron aglutinándose estos últimos bajo la supremacía del Condado de Barcelona (siglo XII). Es a partir de este momento cuando la costa catalana adquirió una gran importancia a raíz de la unión dinástica entre el Condado de Barcelona y el Reino de Aragón, que llevó a un expansión del reino por el Mediterráneo donde la costa y los puertos catalanes resultaron claves. Pero fue igualmente durante esta época cuando la costa catalana empezó a ser castigada más asiduamente con acciones de piratería en busca de un preciso botín, acciones que en muchos casos eran sólo actos de rapiña, donde destacaban los ataques de los sarracenos realizados sobre todo a partir de la caída de los Reinos de Taifas (siglo XIII) y realizados por embarcaciones con base en las costas del Magreb. 

Cabe decir que otras veces fueron acciones premeditadas realizadas por barcos de potencias rivales, como era el caso de acciones de navíos genoveses y franceses, entre otros. Sin embargo, fue a partir del siglo XVI con la supremacía que ejercían los turcos en el Mediterráneo que las acciones de piratería de los navíos berberiscos volvieron a realizarse de manera más asidua contra el litoral catalán, intensificando en muchos casos sus ataques a la costa y a la navegación. Por otro lado, la costa catalana ya disponía desde la Edad Media de puestos fortificados desde los que repeler y controlar los ataques por mar pero fue sobre todo a partir del siglo XVI con la pujanza de los ataques berberiscos ya citados cuando se organizó la defensa de la costa catalana a través de un sistema defensivo basado en torres, que tanto fueron utilizadas como torres de defensa, de vigilancia o de refugio, siendo también el inicio de la fortificación de iglesias y amurallamiento de villas y ciudades. Este sistema de la costa se fue realizando a lo largo de la segunda mitad del siglo XVI, quedando casi completado a comienzos del XVII, como fue por ejemplo en el caso de la comarca del Maresme. Igualmente y para que este sistema fuera eficaz tenía que cumplir todo un sistema de medidas entre las que destacaba la existencia de una buena comunicación entre los diferentes puestos fortificados; el acopio de agua y víveres que debía de tener cada torre, así como armamento, en muchas de ellas armas ligeras aunque en otros incluso piezas de artillería; y los propios municipios debían organizar la defensa y los servicios de vigilancia, así como tener a la gente en disposición de preparar rápidamente la defensa. En cuanto a la disposición de las torres, existían en primera línea de mar las torres artilladas con el objetivo de intentar repeler los posibles ataques antes de que se produjera un desembarco mientras que en segundo término, que en muchas ocasiones estaban también situadas muy cerca de la costa, existía un conjunto de torres de defensa pertenecientes en muchos casos a masías o grupos de masías que servían de refugio; y por último, situados en lugares estratégicos y a veces alejados de la costa se organizaban servicios de vigilancia, aprovechando en algunos casos estructuras militares más antiguas.

Centrándonos más en la época en que nos conlleva este obra, militarmente, la vigilancia y defensa de la costa correspondía a las Fuerzas de Marina y ésta debia aportar los barcos de vigilancia y reaccionar contra los buques enemigos y además tenía que coordinar directamente con el mando terrestre con el fin de conseguir este apoyo. De este modo el Ejército de Tierra sólo tenía que actuar cuando el hipotético enemigo llegara a tierra, aunque eso no impedía por ejemplo de la existencia de baterías de costa, armas antiaéreas y fortificaciones diversas, además de la organización correspondiente a las Fuerzas Aéreas para poder hacer frente a un hipotético desembarco. 

De una manera más detallada, la Defensa de Costas comprendía todas las disposiciones y operaciones que debían efectuarse a fin de anular los posibles ataques contra cualquier parte del litoral y participaba en ella tanto elementos de Tierra, Mar y Aire. Gran parte de esta defensa de la costa caía en la función que debían desarrollar las Fuerzas Navales, consistiendo en anular la flota enemiga, mantener el control y el dominio de las líneas vitales de comunicación y colaborar con las fuerzas de tierra con el objetivo de rechazar un ataque contra cualquier objetivo costero. Para esta tarea también se contaba con elementos móviles que junto con las unidades navales de diferentes clases y elementos fijos o líneas de minas, a parte de la aviación naval, componían las fuerzas de la defensa de la costa. Por otro lado, la función de las Fuerzas de Tierra tenían por misión, una vez coordinada la utilización de sus elementos, en prohibir al enemigo la posesión de cualquier base en el litoral propio; defender los puntos importantes contra ataques, mantener a los barcos enemigos alejados de las entradas a los puertos militares, etc... En cuanto a los puntos que debían defender, tanto las bases navales ya fueran principales, secundarias o eventuales (estas últimas en caso de guerra) debían contar con un sistema defensivo permanente además de contar con protección directa de defensa los grandes puertos comerciales o industriales, los puntos de paso obligado y las islas que eran base de operaciones navales, mientras que el resto del litoral debía basar su defensa con una acción naval y aérea y con fuerzas del Ejército reforzadas en plazas del interior. Pero la defensa de la costa debía tomar en consideración sobre todo varios factores importantes, como eran la observación del litoral y del mar, la prohibición a barcos enemigos a la zona de mar próxima a tierra, la protección de los puntos mencionados anteriormente así como evitar cualquier tipo de desembarco. En cuanto a los medios utilizables para la defensa de la costa estos lo formaban la flota, con todos sus elementos; las fuerzas navales afectas a defensas locales; las defensas fijas marítimas; la artillería de costa; el resto de fuerzas del Ejército afectas en el litoral o fuerzas móviles, estableciéndose la artillería de costa como el elemento principal.

En referencia a la costa catalana ésta contaba con una defensa pésima antes de la Guerra Civil ya que sólo se encontraban unas cuantas piezas artilleras obsoletas que se habían establecido a toda prisa ante la guerra hispanoamericana de 1898 cuando se instalaron baterías de artillería en las localidades de Roses, Montgat y Barcelona (Montjuïc) entre otros lugares, pero que no atendía a planes de defensa conjunta del territorio. No fue hasta 1926 cuando se llevó a cabo un cambio sustancial en la defensa de costa al promulgar Primo de Rivera el Plan de artillado y defensa de las Bases Navales de Ferrol, Cartagena y Mahón, también conocido con el nombre de Plan Vickers ya que se trataba de artillar nuevas baterías con piezas de 381 mm (costa), 152,4 mm (costa) y 105 mm (antiaéreo), todas de la casa Vickers, de ahí su nombre. Estas piezas contaban con un alcance de 35.000 y 21.000 metros respectivamente para las dos primeras y un techo de 7.000 metros para las antiaéreas, con el simple objetivo de mejorar el artillado de las Bases Navales a la vez de que la Flota tuviera una buena defensa en sus principales bases. Pero este plan dejaba de lado totalmente Cataluña, y su costa continuó con la misma defensa obsoleta establecida a finales del siglo XIX. 

Ya con la llegada de la IIª República, un decreto del 15 de febrero de 1933 fijaba la Zona Militar de Costas y Fronteras de Cataluña, señalando como límite interior la correspondiente a la costa de Levante, donde una línea que partiendo de Manlleu enlazaba con la zona fronteriza del Pirineo, continuaba por la carretera de Vic y la de Collsuspina, Moiá, Manresa por Mayans en Igualada. Luego seguía por Santa Coloma de Queralt y Sarreal a Montblanc, Esplugues de Francolí, Vimbodí, Prades, Margalef, La Palma, Flix y Ascó para ir a empalmar con la carretera de Tarragona en Alcañiz en Venta de Camposines. De ahí continuaba por esa misma carretera hasta Gandesa y por la de Bot, Horta de Sant Joan, Vallderrobres iba a unirse en Montroig con la carretera en Morella que continuaba hasta ese punto1. Por otro lado y desde un punto de vista administrativo, según el decreto de la Gaceta de Madrid del 22 de diciembre de 1935, la costa catalana repartida en las provincias de Girona, Barcelona y Tarragona, estaba dividida en diez distritos marítimos, siendo estos los siguientes: La Selva (de la frontera francesa al cabo de Creus); Roses (del Cabo de Creus a las Islas Medes); Palamós (de las Islas Medes al Arroyo de Ridaura); Sant Feliu de Guíxols (del Arroyo de Ridaura al límite provincial de Girona con Barcelona); Mataró (del límite provincial a la Punta de Sant Genís); Barcelona (de la Punta de Sant Genís a la Torre Barona); Vilanova i la Geltrú (de la Torre Barona a la Punta Palomera); Tarragona (de la Punta Palomera al Cabo del Término); Tortosa (desde Cabo de Término a la garganta sur del Ebro) y Sant Carles de la Rápita (de la garganta sur del Ebro al límite provincial de Tarragona con Castellón)2.

Ese mismo año, en el número de mayo de la Revista General de Marina se publicó un estudio del General José López-Pinto sobre la realización de un plan de defensa de la costa española donde destacaba que para que este fuera posible de una manera completa y eficaz se debía artillar totalmente tanto las costas mediterráneas como las atlánticas con elementos apropiados3. Iguamente era necesario realizar un estudio previo de las zonas donde su defensa fuera más necesaria con el objetivo de intentar obtener el alejamiento del temor de posibles desembarcos enemigos así como proteger zonas de minas e impedir la proximidad a las bases navales de las escuadras enemigas. De esta manera tenía que ser posible batir los barcos enemigos por la artillería de costa, permitiendo así la entrada y salida de las propias unidades navales con la máxima protección, quedando al mismo tiempo a cubierto el arsenal, talleres, alojamientos y barcos que se encontraran en sus bases. En cambio, este estudio ya demostraba que por muy eficaz que se considerara esta clase de defensa con artillería de todos los calibres situadas en las costas cercanas y en las grandes poblaciones, no se podía quedar a cubierto seguro. Así por lo tanto se imponía también el contar con una escuadra propia o aliada potente que anulara los esfuerzos de la enemiga, que con poderosos medios podía atacarla por donde más le conviniera, tal y como lo habían demostrado todas las naciones beligerantes durante la Iª Guerra Mundial.

Sobre la costa mediterránea el estudio hacía hincapié que en el litoral existente entre Cartagena y la frontera francesa se encontraban varias ciudades importantes como Alicante, Denia, Valencia, Castellón así como las catalanas de Tarragona y Barcelona y zonas que convenía proteger como eran las comprendidas entre Cabo de Palos y Cabo de Santa Pola, Benidorm y Gandia, Cabo Cullera y Puerto de Sagunto, Vinarós y Golfo de San Jorge, (comprendido este último), desembocadura del río Llobregat y Mataró y Golfo de Roses desde el río Ter hasta el Cabo de Creus, ya que la costa mediterránea era más presumible de recibir un ataque ante cualquier potencia extranjera debido a las cada vez más ambiciones internacionales que se estaban dando durante esta época. Por otro lado, el estudio continuaba explicando que toda la Península Ibérica debía formar un conjunto armónico que debía ajustarse a los propios reglamentos generales y particulares de cada arma y que por el mando, en cada caso, debía obrar sobre las instrucciones generales concretas, estudiadas antes y dadas según las misiones que cada centro o zona defensiva tuviera prevista y dispuesta. Así una vez se organizaran las bases navales, los centros de defensa y las zonas defensivas, tenían que quedar formados los diferentes frentes marítimos defensivos, ya que se asumía que la ofensiva era llevada por la Marina de Guerra con todas sus unidades. Además se establecía que para un perfecto enlace, estos frentes marítimos defensivos y los tres Departamentos marítimos en que estaba dividida la Península (el Ferrol, Cádiz y Cartagena más el cuarto de Baleares que sería de nueva creación) debían quedar bajo la dirección de los Almirantes. 

De esta manera y dentro del Departamento de Cartagena, se tenía que establecer el Centro de Barcelona que a su vez tendría en dependencia cuatro zonas defensivas diferentes y que estarían artilladas de manera diferente. Así la zona defensiva de Tarragona debía estar artillada con cinco baterías de cuatro cañones de calibre medio y otros seis baterías de cuatro cañones de calibre medio; la zona defensiva de Barcelona en cambio tenía que contar con más piezas de artillería como eran cuatro baterías de dos cañones de gran calibre, ocho baterías de cuatro cañones de calibre medio, doce baterías de cuatro cañones de calibre pequeño y cuatro baterías de cuatro cañones antiaéreos. Por otro lado, la costa norte catalana quedaba dividida en la zona defensiva de Tossa de Mar, artillada con cuatro baterías de dos cañones de calibre medio y cuatro baterías de cuatro cañones de calibre pequeño; y la zona defensiva de Roses artillada esta con cinco baterías de dos cañones de calibre medio y cuatro baterías de cuatro cañones de calibre pequeño.

Sin embargo y a pesar del estudio de defensa de la costa española realizado por el general López-Pinto4, nada de éste se llegó a desarrollar en las costas catalanas, continuando establecidas las mismas piezas artilleras obsoletas que se encontraban en el litoral catalán desde finales del siglo XIX.



1. La defensa de la costa desde tierra 

A partir de la sublevación de diferentes unidades militares del ejército español en el protectorado de Marruecos el 17 de julio de 1936 y la posterior extensión de éste a la Península al día siguiente, dio comienzo el conflicto que asoló España durante casi tres años. La insurrección militar se estendió rápidamente por todas las guarniciones militares a pesar de que no tuvo el éxito esperado. Y es que la revuelta, pensada para ser un golpe de estado rápido, fracasó en muchas ciudades por diferentes motivos como por ejemplo: el ambiente político de la zona; la propia preparación del golpe de estado; la unidad o división de los militares y de las fuerzas de orden público; el grado de decisión de las autoridades o de los insurrectos y hasta todo, la proximidad de una gran capital que influyó en la posición de la región. Así por tanto, la revuelta triunfó en Galícia, Navarra, La Rioja, Castilla y León, provincia de Alava, en las capitales de provincia de Aragón pero no en toda la comunidad; en Andalucía Oriental (Sevilla, Cádiz, Huelva, Córdoba y Granada), Oviedo, Cáceres, las islas Canarias y las islas Baleares (excepto Menorca). En cambio la revuelta no triunfó en las ciudades más industrializadas e importantes como eran Bilbao, Valencia, Barcelona y Madrid, creándose por tanto ambos bandos e iniciándose así la Guerra Civil. Así pues y después de la confusión de los primeros momentos, el territorio peninsular quedó dividido en dos bandos: la zona rebelde o nacional, donde triunfó el alzamiento; y la zona gubernamental o republicana, los territorios que siguieron siendo fieles al gobierno de la República.

En Barcelona por ejemplo, los trabajadores ya habían comenzado a montar guardia alrededor de las cuarteles y centros militares de la ciudad el 16 de julio, un día antes del inicio de la revuelta en el norte de África, movilizando incluso los sindicatos sus militantes en previsión del golpe de estado. El 19 de julio, los rebeldes fueron derrotados en las calles de Barcelona por anarquistas, militantes de los diferentes sindicatos y fuerzas del orden como la Guardia Civil o la Guardia de Asalto, conectando de esta manera la suerte de Barcelona a toda Cataluña. En Madrid por su parte, la conspiración fue un fracaso debido a la mala organización, quedando las fuerzas insurrectas en sus cuarteles y bloqueados posteriormente por las fuerzas fieles a la República. En todos los pueblos y ciudades catalanas las tensiones políticas fueron incrementándose y los partidos políticos y sindicatos intentaron aglutinar a la mayoría de personas para prepararlos a su ideario político o revolucionario. El proceso revolucionario que estalló en la zona republicana fragmentó el poder político y en cada región se constituyeron juntas que administraron el poder sin tener en cuenta al resto del Estado. Por otro lado, grupos de incontrolados actuaron de manera violenta y las presiones a personas de derechas o religiosas y las requisas se convirtieron en prácticas comunes, terminando a veces incluso en asesinatos. Surgió así también lo que se conoció con el nombre de la quinta columna, personas desleales a la comunidad en la que vivían y susceptibles de colaborar con el adversario facilitando informaciones al otro bando sobre cualquier tema, especialmente militar.

Después de que la revuelta en Cataluña fuera sofocada, el 21 de julio, el mismo presidente de la Generalitat de Cataluña, Lluís Companys, creó el Comité Central de Milicias Antifascistas, organizando desde aquí las diferentes Columnas de Milicias compuestas por voluntarios de diversa índole, donde destacaban sobre todo trabajadores y estudiantes, para tratar de conquistar para la República aquellos territorios donde si que había triunfado la sublevación militar. De este modo, a finales de julio salieron las primeras columnas en dirección a Aragón, donde se estableció un frente que dividió la región en los dos bandos enfrentados. Pero las consecuencias militares de la revuelta también tuvieron un carácter especial ya que no existió un mando unificado con capacidad de planificar una acción bélica, mientras que las unidades regulares sufrieron un proceso de descomposición que las convirtió en inservibles. Las milicias populares, controladas por el Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña y que quisieron sustituir las unidades militares, resultaron ineficientes e indisciplinadas, siendo disueltas en la primavera de 1937 al ser creado el Ejército Popular de la República. 

Por otro lado, la población civil tuvo que hacer frente a las adversidades de la guerra, destacando entre estos los bombardeos aéreos o el racionamiento de los alimentos, entre otros aspectos. En la primavera de 1938, la ofensiva nacional en Aragón y la llegada de sus tropas al Mar Mediterráneo por la desembocadura del río Ebro hizo que Cataluña quedara dividida del resto del territorio republicano. Pocos meses después, a finales de julio de 1938, el Ejército Popular de la República inició una atrevida ofensiva en el Ebro para recuperar el territorio perdido aunque tras meses de lucha, los republicanos fueron derrotados el 16 de noviembre de 1938, dejando Cataluña prácticamente en manos de los nacionales. Y es que la derrota republicana en la Batalla del Ebro dejó exhausta la retaguardia catalana, agravada además por la gran cantidad de refugiados, la poca capacidad industrial, los bombardeos aéreos y la movilización general. Así por lo tanto y según este contexto, las tropas nacionales iniciaron el 23 de diciembre de 1938 la ofensiva contra Cataluña, una ofensiva que no tuvo excesiva resistencia con un ejército republicano desmoralizado y derrotado y que se batió en retirada hasta llegar a la frontera francesa, lugar donde llegaron las tropas nacionales el 10 de febrero de 1939, finalizando de esta manera la guerra en Cataluña. 

Por su parte, la costa tuvo una importancia capital durante la Guerra Civil ya que precisamente fue por vía marítima la principal entrada de suministros y de material de guerra, tan importante para ambos bandos para continuar la lucha, así que por lo tanto, quien controlaba el mar y en consecuencia su tráfico marítimo, podía al menos continuar el conflicto. Teniendo en consideración este aspecto, defender la costa era precisamente proteger este tráfico marítimo y la retaguardia ante posibles amenazas, como podían ser sobre todo posibles desembarcos de tropas del adversario o ataques contra el litoral. Como consecuencia de la importancia que tenía el litoral, la organización de la defensa de la costa se realizó a todos los niveles, lo que podríamos decir por tierra, mar y aire, aglutinando toda una serie de elementos que en su conjunto debían proporcionar una gran efectividad en contra de las amenazas y peligros que el mar podía suponer. En el caso de Cataluña, la defensa de la costa contó con una gran cantidad de efectivos que obtuvieron unos resultados desiguales, siendo la peor parada la defensa que se hizo del aire al no contar con los elementos suficientes. 

De hecho para los republicanos, el mar no supuso en un primer momento ningún peligro, más bien al contrario ya que se proyectó en agosto de 1936 la conquista de las Islas Baleares. Esta acción finalizó con una derrota republicana ya que las fuerzas enviadas no consiguieron alcanzar el objetivo de recuperar las Baleares para la causa republicana, siendo trasladadas a la Península durante la primera semana de septiembre. Pero fue precísamente a raíz de la derrota en las Islas Baleares cuando los republicanos pusieron suma atención en la costa, debido sobretodo a la facilidad con que fuerzas propias habian podido conseguir desembarcar y reembarcar en las islas. Esta nueva situación se agravó sobretodo con la entrada de los cruceros nacionales Canarias y Almirante Cervera en el Mediterráneo después de que ambos buques rompieran el bloqueo realizado por buques de guerra republicanos en el Estrecho de Gibraltar a finales de septiembre de 1936 y sobretodo por la ineficacia que mantuvo la Escuadra Republicana para mantener a raya estos dos barcos. Así por tanto y ante el presente peligro, la Generalitat de Cataluña decidió instalar en la costa catalana diferentes piezas artilleras, muchas de ellas obsoletas y que sirvieron para realizar una primera defensa.

En cambio, la situación aun empeoró más para el litoral catalán cuando el crucero Canarias llevó a cabo un bombardeo de la ciudad de Roses el 30 de octubre de 1936, siendo éste el primer ataque desde el mar que recibió la retaguardia catalana durante el conflicto. Igualmente y a partir de los falsos rumores de desembarco que se originaron ese mismo día a raíz del bombardeo de Roses, provocó que se destinaran muchos recursos para defender la costa. De este modo, las costas se fueron llenando de milicianos que comenzaron a vigilar la costa ante un posible desembarco de tropas nacionales, empezando poco más tarde una verdadera fiebre de fortificación del litoral. Cada ciudad costera empezó a proteger su litoral con obras de defensa, sobre todo trincheras y nidos de ametralladoras, estableciendo a lo largo de toda la costa además observatorios y otros elementos de defensa y vigilancia para así estar preparados ante cualquier posible desembarco nacional. 

Por otro lado, la Flota Republicana tuvo un papel muy secundario en la defensa de la costa catalana en particular, no participando más activamente hasta la creación de la Flotilla de Vigilancia y Defensa Antisubmarina de Cataluña en junio de 1937, dejando la defensa del litoral en manos de unos pequeños pesqueros armados que poco podían hacer frente a los potentes cruceros nacionales. Sin embargo, a medida que fue avanzando el conflicto, la costa cada vez contó con más elementos de defensa, ya fueran estos posiciones de defensa, nidos de ametralladora, trincheras o emplazamientos artilleros, así como observatorios y otros elementos para vigilar la posible presencia de elementos nacionales en las costas republicanas. Tal y como afirma uno de los militares más importantes del Ejército Republicano, el jefe del Estado Mayor Central Vicente Rojo, durante un tiempo se olvidó el frente marítimo ya que éste no tenía una organización defensiva adecuada porque no existía una defensa organizada como tal ni una idea de respuesta para hacer frente a un hipotético desembarco de tropas franquistas, y no sería ya hacia principios de febrero de 1937, con la cada vez más abundante presencia de buques extranjeros y diferentes ataques que se realizaron en las ciudades de Barcelona y Valencia cuando fue considerado el problema de un posible desembarco en la costa republicana5.



Código de señales



Fuente: AGMAV,C.1150, Cp.11, D.2 / 29 



Reconocimiento de buques por medio de señales




Fuente: AGMAV,C.1150, Cp.11, D.2 / 28



2. Las operaciones sobre las Islas Baleares

Entre agosto y septiembre de 1936 los republicanos intentaron recuperar para la causa gubernamental las islas de Mallorca e Ibiza, donde si había triunfado la sublevación militar, con el objetivo de afianzar la posición republicana en el Mediterráneo a través de una operación militar basada en una serie de desembarcos en las dos islas6. Para ello se formó una gran expedición que contó con el apoyo de la isla de Menorca, que había permanecido fiel al gobierno y sobretodo la propia Flota Republicana, que durante aquellos primeros días de conflicto contaba con la supremacía total del Mediterráneo gracias a su gran número de unidades navales y que les estaba llevando a realizar un efectivo bloqueo en el Estrecho de Gibraltar, impidiendo de esta manera que ninguna unidad naval del bando nacional pudiera navegar por el Mediterráneo. La operación sobre las Baleares, muy poco valorada en un principio, tuvo una gran importancia de cara a la posterior marcha de la guerra, sobre todo de una manera más cruenta para Cataluña y de especial importancia para la defensa de la costa catalana. De hecho, la conquista de las Baleares para la causa republicana suponía realizar un desembarco a gran escala, una operación siempre difícil pero que en vista de su facilidad con que éste fue realizado, resultó ser contraproducente, ya que posteriormente y con los primeros ataques a la costa catalana por parte de buques de guerra del bando nacional, empezó la fortificación del litoral catalán ante la indefensión en que las diversas poblaciones costeras se consideraban ante un posible desembarco de tropas franquistas. 

En cuanto al tema de la autoría de la idea de la operación de desembarco y conquista de las Baleares era y todavía es un misterio, sobre todo si se analizan las fuerzas involucradas en la operación ya que tanto el gobierno central republicano, así como la Generalitat de Cataluña, el Comité de Milicias Antifascistas de Barcelona, algunos grupos y organismos constituidos en Valencia, la gran mayoría de los partidos políticos y sindicales e incluso varios militares y políticos a título personal, tuvieron responsabilidad en la llamada operación. Pero además hay que añadir que una vez fracasada la operación, muchos de estos organismos quisieron desentenderse de responsabilidades, haciendo mucho más difícil averiguar el autor de la idea de la operación. Según una orden aparecida en la Gaceta de Madrid el 7 de Agosto de 1936, las islas Baleares tenían que pasar a depender orgánica y territorialmente de la IIIª División Orgánica, que correspondía a la demarcación de Valencia, ciudad donde se organizó una primera fuerza compuesta por Guardia Civiles y comandada por el capitán Uribarri, lo que demostraría que el gobierno central podía estar detrás de esta operación7. En cambio, el capitán Uribarri no tenía los medios disponibles para realizar la operación y parece ser que pidió ayuda a la Aeronáutica Naval de Barcelona, situada en el muelle del Contradique del puerto barcelonés y comandada por el capitán Alberto Bayo después de que los jefes de la base fueran apresados por ser partidarios de la sublevación, desvelando de este modo el rumor respecto a sus planes sobre la operación en Baleares. Bayo se mostró bastante interesado por esta nueva operación y así la presentó a su antiguo jefe en África, el teniente coronel Felipe Díaz Sandino, que había sido nombrado no hacía mucho tiempo Consejero de Defensa de la Generalitat de Cataluña, y más tarde al Consejero de Gobernación Josep Maria España. Ambos consejeros de la Generalitat acabaron viendo con buenos ojos la idea ya que se trataba de liberar un territorio estrechamente vinculado con Cataluña por sus lazos históricos y culturales, y ambos fueron los encargados de convencer al presidente de la Generalitat Lluís Companys de la realización de la operación. Companys dio su apoyo a la operación desde el primer momento y Bayo además de tener a su favor a las autoridades catalanas, también logró más apoyo que Uribarri, ya que incluso pudo contar con el apoyo del Sindicato de Transportes Marítimos de la CNT y de los hombres del PSUC, con los que acabó celebrando una reunión en su sede del Paseo de Gracia de Barcelona.

En carácter militar, la operación debía ser rápida y realizada sólo en un par de días, contando con la ventaja de que no era necesario distraer muchas fuerzas ni medios para tener éxito en la operación. Sobre las fuerzas que debían de formar parte estarían formadas por fuerzas que se encontraban inactivas en Menorca; con voluntarios y algunos medios que se encontraban en Cataluña, especialmente con la Aviación Naval basada en Barcelona y en San Javier (Murcia); algunas fuerzas inactivas de marinería de Cartagena y algunos barcos de la Flota, que por estas fechas tenía la superioridad total en el Mediterráneo y en el Estrecho de Gibraltar, y que contaba con unidades de sobra para desprenderse de algunas durante varios días. En cambio, el proyecto no contaría con el apoyo de todos, como fue el caso del general Luis Castellón Pantoja, Ministro de la Guerra, que se opuso a la operación por considerarlo improcedente y poco oportuno al haber otras atenciones más importantes, aunque con su dimisión y su sustitución por el teniente coronel Hernández Sarabia la operación vería luz verde. Por otro lado, el teniente de navío Pedro Prado Mendizábal, jefe de la Sección de Operaciones del Estado Mayor de la Armada si apoyó la operación adjudicando algunos barcos y tropas de marinería con la condición de que una vez finalizada la operación de las Baleares, todos los hombres, armas y medios que quedaran libres fueran utilizados en una próxima operación que se planeaba sobre la zona de Algeciras para recuperar el Estrecho, pero la realidad fue diferente ya que el apoyo para la operación de las Baleares sería mínima.

La expedición para la toma de las Baleares fue iniciada por la columna valenciana de Uribarri, dispuesta a recuperar las islas de Cabrera y de Ibiza con el apoyo posterior de Bayo y su columna, que reclamaría el mando de la expedición. Según Bayo, Companys le otorgó el mando de la expedición el día 1 de agosto aunque parece ser que el presidente de la Generalitat no lo hizo hasta el día 10 del mismo mes, una vez ocupadas las islas de Cabrera e Ibiza, otorgándose Bayo unas atribuciones que realmente no había recibido de nadie. Los dos líderes contaron cada uno desde los primeros días de agosto, además de con sus respectivas fuerzas, con unidades de la Flota Republicana. De este modo el capitán Bayo tuvo a su disposición al destructor Almirante Miranda anclado en Barcelona; mientras que en Valencia y apoyando la columna de Uribarri estaba el destructor Almirante Antequera y el buque mercante Mar Cantábrico, barco donde debía viajar la columna valenciana para recuperar las islas de Formentera e Ibiza. Sobre la operación de intentar recuperar las Baleares, la prensa gubernamental se dejó llevar por la euforia inicial y tanto el diario Última Hora en su edición del día 3 de agosto como La Vanguardia del día 5, publicaron en sus páginas todo tipo de detalles sobre la operación. De hecho sería precisamente este último día el señalado por Bayo para salir con su columna a bordo del destructor Almirante Valdés. La columna salió hacia las 23:45 horas, poniendo dirección a Valencia, donde llegó a la mañana siguiente y se incorporó a la columna formada por el capitán Uribarri para así juntos intentar la conquista de las Baleares. La columna valenciana de Uribarri era un poco inferior a la catalana en cuanto a número de milicianos, unos 400 hombres aunque contaba con los dos barcos antes citados; mientras que Bayo, además de contar con su columna transportada en el destructor Almirante Valdés, también tenía el apoyo de 6 hidroaviones Savoia S-62 bajo el mando del oficial auxiliar de la Armada Antonio Molina Sánchez.



Fotografías de los marineros republicanos preparados para la operación de desembarco en Mallorca




Fuente: La Vanguardia, 5 de agosto de 1936



Fotografías de los hidroaviones republicanos preparados para la operación de desembarco en Mallorca



Fuente: La Vanguardia, 5 de agosto de 1936



Las fuerzas republicanas abandonaron el puerto de Valencia durante la madrugada del día 7 para poner rumbo a la isla de Formentera, el primer objetivo de la operación. La pequeña isla estaba defendida por poco más de 30 hombres que se rindieron ante la superioridad republicana gracias a la labor realizada por unos parlamentarios ibicencos, pasando de este modo la isla de manera pacífica a manos republicanas. La noticia de la toma de Formentera fue comunicada por Bayo sobre las 10:00 horas a las autoridades republicanas, anunciando que habían ocupado la isla sin haber disparado un solo tiro. En cambio la conquista de Ibiza resultó diferente ya que la isla contaba con una ligera guarnición. Para intentar recuperarla se utilizó sin éxito la misma estrategia de los parlamentarios pero ante la resistencia encontrada, Bayo ordenó el bombardeo de Ibiza para las 17:00 horas. En cambio esta acción finalmente sería cancelada a petición del comandante del destructor inglés Douglas (D-90) que se encontraba en la isla, logrando una tregua de un día para permitir la evacuación de la población extranjera que residía en la isla. Al día siguiente a la madrugada, tanto los dos destructores como el barco Mar Cantábrico se situaron en la costa norte de la isla donde llevaron a cabo un desembarco de tropas entre la cala de San Vicente y Santa Eulalia del Río con el objetivo de no encontrar resistencia a pesar de la superioridad con que contaban las fuerzas republicanas, que ocuparon la isla en las horas siguientes sin dificultades. Una vez tomada la isla de Ibiza surgió otra vez el problema del mando y según Uribarri, Bayo se presentó como el único jefe para llevar a cabo la expedición alegando solo que era el capitán de mayor antigüedad, sin más credenciales. El punto culminante del desencuentro entre ambos vino cuando Bayo marchó el día 10 a Barcelona dejando al frente de la expedición al comandante Gil Cabrera, acción que provocó que Uribarri abandonara la isla al día siguiente a bordo del Mar Cantábrico escoltado por el destructor Almirante Antequera, informando de los sucesos ocurridos en la expedición a su llegada a Valencia. 

Mientras tanto, el capitán Bayo expuso en Barcelona su proyecto de desembarco en Mallorca ante el Consejo de la Generalitat y el Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, poniendo como fecha límite el domingo día 16. Según el plan presentado por Bayo, este consistía en realizar un desembarco en la playa que se extendía desde el Cabo Vermey hasta Cala Manacor y una vez estuvieran las fuerzas en la playa, estas se extenderían por los bosques, casas y villas comprendidas en el cuadrilátero existente entre Cabo Vermey, Artá, Manacor y Cala Manacor durante las primeras cuarenta y ocho horas. Estas tropas debían recibir el apoyo de la aviación, que debía atacar todo lo que se encontrara fuera de este cuadrilátero, dedicándose mientras tanto las fuerzas desembarcadas en dicho cuadrilátero a fortificarse y esperar de esta manera los resultados de la acción política por el control total de Mallorca. Sobre el desembarco, Bayo daría instrucciones mucho más precisas a sus tropas como la de no realizar ningún disparo aunque encontrase una resistencia hostil con el objetivo de no desvelar el lugar de sus fuerzas en la playa, ordenando también recuperar, sin importar las bajas, las diferentes piezas de artillería que podían tener las fuerzas nacionales, aumentando con esta medida los riesgos para sus propias fuerzas. Bayo dejaba también claro que quedaba terminantemente prohibido retroceder, sólo aceptando la fortificación en caso de encontrar gran resistencia, pero sin abandonar nunca la posición y no dejaba de cursar órdenes a los jefes de las diferentes unidades militares exigiéndose la mayor disciplina, pidiendo las oportunas responsabilidades si las órdenes no se cumplían como él ordenaba y amenazando incluso con un consejo de guerra de campaña, dejando de este modo constancia de su poder en la expedición. 

El capitán Bayo también presentó a la Generalitat de Cataluña y al Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña la distribución de las tropas una vez desembarcadas en Mallorca, así como otros detalles de la operación los días que estuvo en Barcelona, entre el 10 y el 11 de agosto, quedando absolutamente claro que iba a realizarse dentro de la órbita de la Consejería de Defensa de la Generalitat. Fue precisamente en estas reuniones cuando Bayo recibió el nombramiento oficial de jefe de la expedición, según el documento donde daba las primeras instrucciones, que era firmado por el presidente Companys y el presidente del Consejo Ejecutivo, Joan Comorera. Por otro lado, el Gobierno de la República también apoyaría la operación, pero el día 13, un avión alemán Junker JU-52 pilotado por Von Moreau bombardeó el acorazado Jaime I que se encontraba fondeado en Málaga consiguiendo hacer un impacto en su proa, lo que provocó la no presencia de la Escuadra en la operación de las Baleares, aunque esta circunstancia no hizo posponer la expedición. La isla de Menorca con su base naval secundaria de Mahón fue donde se concentraron a partir de los primeros días de agosto las tropas que debían formar la columna de desembarco, llegando a contar con suficientes hombres y medios provenientes de Cataluña, todos bajo el mando de Bayo, que llegó procedente de Barcelona el día 118.

De esta manera, las tropas que quedaron bajo las órdenes de Bayo, a pesar de tratarse de una serie de unidades irregulares y mal organizadas se contaron entre siete mil y ocho mil hombres distribuidos de la siguiente forma9

  • Columna de fuerzas regulares, formada sobre la base de dos batallones del Regimiento de Infantería de Santiago nº37 de Mahón y comandada por el capitán de Infantería Daniel Porras Gil. También contaba con fuerzas de la Compañía de Ametralladoras de Ciutadella y un grupo de Ingenieros a cargo del cabo Antonio Pons Meliá. 

  • Columna de Milicias Confederales, mandada por el capitán Luis Jiménez Pajarero, llamada pronto Rojo y Negro. 

  • Columna de Estat Catalá. Salió de Barcelona con unos 400 hombres, siendo los jefes Jaume Torres y técnico militar "capitán" Marcelino Zapatero Ramón. Esta unidad pero con menos efectivos ya combatió en Ibiza y paulatinamente fue recibiendo pequeños refuerzos casi a diario, aumentando el número de la tropa hasta llegar aproximadamente a los 2.000 efectivos. 

  • Columna de Milicias Mallorquina y Menorquina. Estaba formada por 150 mallorquines de entre los 550 que habían ido a la Olimpiada Popular de Barcelona, inicialmente constituida a bordo de la motonave Ciudad de Barcelona y mandada por Vicens Vila. Los menorquines también formaron un grupo en Mahón bajo el mando de José Gabaldón y Baños, que había sido sargento del ejército. 

  • Milicia del PSUC o columna Libertad. Esta milicia estaba formada por las centurias 16, 17 y 18 del PSUC que estaban siendo instruidas en el cuartel Carlos Marx aglutinando unos 3.000 efectivos, siendo su jefe el capitán de Ingenieros Rafael López Tienda. 

  • Centuria Extranjera. Formaba parte probablemente de la columna anterior y no todos sus miembros eran extranjeros. Según Vicente Guarner estaba a cargo de Otero Fernández. 

  • Milicias de la CNT del Sindicato Único de Transportes, bajo el mando de un tal Cierro, que según Massot eran 37 hombres y embarcaron en el destructorAlmirante Miranda el 14 de agosto. En Mahón se incorporaron 31 efectivos más y poco después un nuevo grupo llegado desde Barcelona. 

  • Milicias del POUM. Según Massot pudieron llegar a ser 300 militantes, cifra que coincide con Cruells. 

  • Grupo de Guardias de Asalto, que debía ser poco nutrido y que mandaba Castell. 

  • Guardias Civiles y Carabineros. Varios centenares de guardias civiles según Massot al que también se refiere el Diario de Barcelona, algunos de ellos de la comandancia de Albacete, bajo el mando del teniente Antonio Avilés Gracia siendo muy probable que acabaran mezclados con otras unidades. 

  • Fuerzas de marinería. Se preveía una compañía de Infantería de Marina de Cartagena pero no llegó a incorporarse, aunque si que se contó con numerosos marineros procedentes de la Aeronáutica Naval de Barcelona y de los destructores, además de la llamada Guardia Negra, la tropa de confianza de Bayo, así llamados por llevar el uniforme de color azul oscuro, compuesta por menos de un centenar de hombres y mandada por el maestre de Talleres de la Aeronáutica Naval Ricardo Iznar Baché. 

  • Artillería del Grupo Mixto nº2 de Mahón, bajo el mando del capitán Fernando Vaqué Pons. Según Guarner combatieron en Mallorca 6 piezas de 75 mm y 4 de 105 mm pero es posible que se llegara a 8 de las primeras.

Respecto a la aviación participaron numerosos aviones que intervinieron en todas las operaciones sobre Mallorca y que se conocen con bastante exactitud ya que fueron señalados por los defensores sobre todo porque los primeros días de la guerra nadie se preocupó de borrar sus letras de identificación que aparecían apuntadas en partes de la defensa antiaérea o bien se podían ver en las fotografías. Estos aviones eran: 

  • El Vickers Vildebeest nº17.

  • El Dornier Wall D-1.

  • Quince Savoia S-62: los S-1, S-4, S-5, S-6, S-14, S-16, S-17, S-24, S-26, S-31, S-33, S-34, S-36 y S-37.

  • Los Machi M-18 y M-16. 

Por otra parte la participación de los barcos de la Escuadra fue relativamente importante, aunque los principales barcos como eran el acorazado Jaime I y el crucero Libertad no participaron en la operación de desembarco pero si que actuaron en los momentos finales de la expedición a Mallorca. Desde los primeros momentos, intervinieron los ya citados destructores Almirante Antequera y Almirante Miranda, sobre todo como transporte de tropas en las operaciones en Formentera e Ibiza y respondían a sus nombres en clave EBBC y EBBD; pero también actuaron unidades más pequeñas como el Torpedero nº17, un pequeño barco de 190 toneladas adscrito a la Aeronáutica Naval de Barcelona; los guardacostas Xauen y Tetuán, de 510 y 400 toneladas de desplazamiento respectivamente; tres submarinos: el B-2, el B-3 y el B-4 de 556/836 toneladas de desplazamiento pero bastante descuidados; los remolcadores Cíclope (EBBD) GaditanoR-13 y R-1410; las barcazas de desembarco K-14 (EBGQ) y K-16 (EBGI); dos barcazas de defensa antisubmarina de Cartagena y Mahón; el barco aljibe A-3 y las lanchas de la Tabacalera I-2 y I-6

Aparte de estos barcos también había que sumar los barcos mercantes requisados que operaron en su gran mayoría como transportes de tropas, entre los que destacaron los barcos pertenecientes a la Compañía Transmediterránea, que contaba con una numerosa flota de la que se requisaron los siguientes barcos: Ciudad de Cádiz (EAKE); Ciudad de Barcelona (EAKF); Mahón (EARK); Ciudad de Tarragona (EARC); Isla de Tenerife (EAJF); Ciudadela, y Rey Jaime II. De la Compañía Marítima del Nervión participaron los barcos Mar Cantábrico (EAKU) y el Mar Negro, gemelo del anterior. De la Compañía Trasatlántica participó sólo el Marqués de Comillas, un gran buque de pasaje de 9.922 toneladas que fue confiscado por el propio Bayo para transformarlo en barco hospital, una acción que le resultó bastante fácil ya que Bayo además de ser el jefe de la Base Naval también era el jefe del puerto de Barcelona. Para ello contó con la ayuda de dos médicos de la Base, siendo su director el comandante Cabezón, ingresando también en el barco muchos médicos civiles y organizándose hasta tres equipos quirúrgicos con sus correspondientes quirófanos. El Marqués de Comillas aunque durante la operación sobre las Baleares lució las insignias de la Cruz Roja, en realidad transportó a bordo armamento y en ocasiones fue un verdadero barco de mando de Bayo, donde transmitió desde él sus órdenes. 

Igualmente también fueron requisados barcos de otras compañías como el Cabo Silleiro, perteneciente a la Compañía Ibarra; el Darro (EALQ), de la Compañía Pinillos; el Uribe Mendi (EAJL) perteneciente a la Compañía Sota y Aznar así como otras unidades menores como el Giralda (ELPM), un remolcador que había servido de barco hidrográfico y que había sido retirado del servicio; el motovelero Isabel Matute, y los barcos de madera Pons MartíTrinidad y Cala Marsaldedicados al transporte de la almendra balear de unas 200 toneladas de desplazamiento, así como el falucho Jóven Miguel y el yate Rosa V.V. Para realizar el citado desembarco Mahón jugó un papel fundamental en la preparación del plan ya que sirvió como base para preparar la operación y poco a poco los barcos de la Flota republicana fueron llegando a la base naval secundaria de Mahón. Así por ejemplo el día 3 llegó el destructor Almirante Miranda, (aunque volvió a marchar nuevamente para dar apoyo a las columnas en sus expediciones en Formentera e Ibiza); el día 7 sería el turno del transporte Mar Negro con hombres y armas y al día siguiente lo hizo el Marqués de Comillas, que transportó milicianos y material a pesar de estar habilitado como barco hospital.





Fotografía del capitán Bayo durante la operación de desembarco en Mallorca



Fuente: La Vanguardia, 23 de agosto de 1936 



El plan original estaba establecido para ejecutar el desembarco el día 12, realizando al mismo tiempo varias acciones ofensivas, como el bombardeo naval de Sóller o una exhibición aeronaval ante Palma de Mallorca, aunque al final sólo se llegó a realizar la primera de las acciones mencionadas. El día 14, Bayo recibió una orden de parte del Comité Central de las Milicias Antifascistas de Cataluña, (Departamento de Guerra) y firmado por J. García Oliver y Díaz Sandino, en la que se ordenaba que la operación sobre Mallorca debía ser iniciada en un plazo de 48 horas contando sólo con los medios disponibles hasta entonces y ciñéndose al plan presentado el pasado día 10 de agosto en el Comité de Milicias Antifascistas en Barcelona, pero si la operación no podía ser realizada en las condiciones apuntadas, debía retornar inmediatamente a Barcelona con todos los elementos, personal y material que debería utilizarse en el desembarco. Bajo estas órdenes la columna de desembarco de Bayo, a bordo de los transportes y convoyada por los dos destructores y en compañía del barco hospital Marqués de Comillas, inició su salida de Mahón a la 01:00 horas del 16 de agosto. Su destino fue la costa elegida para el desembarco, en concreto el sur de Porto Cristo entre Cala Madrona y Cala Angila donde a las 04:00 horas desembarcaron los primeros 400 hombres.


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